Suecia: Todavía no se sabe quién será el primer ministro

El socialdemócrata Stefan Löfven, primer ministro sueco, asegura que ha ganado las elecciones del domingo. Su principal adversario, el moderado Ulf Kristersson, considera que el vencedor ha sido él. Por si fuera poco, el nacionalista Jimmie Akesson clama que el gran triunfador ha sido su partido, el antiinmigración y antieuropeo Demócratas de Suecia (SD). Los tres tienen algo de razón, todo depende de cómo se interpreten los resultados, pero primer ministro sólo habrá uno. La conclusión, por tanto, es que las legislativas suecas han desembocado en un galimatías de complicadísima solución.

De momento, Löfven seguirá como jefe de Gobierno. Tiene dos semanas, hasta el 24 de septiembre, para reunir el apoyo necesario para conservar el puesto. Ese día, el nuevo Riksdag, el Parlamento sueco, iniciará la legislatura y se abrirá un plazo que debe concluir el 8 de octubre, a más tardar, con una votación obligatoria sobre el puesto de primer ministro. Si Löfven la pierde, habrá más negociaciones y más votaciones, con él, o Kristersson, o un tercero, como candidatos. Así, hasta cuatro veces. Si todos son rechazados, se convocarán nuevas elecciones.

Un eventual nuevo Gobierno deberá presentar el 15 de noviembre su ley de presupuestos, que será entonces sometida a votación antes de 2019. Si no es aceptada, lo cual no sería nada sorprendente dada la configuración actual del Riksdag, también se podrían convocar nuevos comicios.

Aunque faltan por contabilizarse 200.000 votos por correo que podrían mover algún escaño, Löfven argumenta que su partido fue el más votado (28,4%) y que el bloque de izquierda (socialdemócratas, extrema izquierda y verdes) superó -por la mínima- a la alianza de centroderecha (moderados, centristas, cristianodemócratas y liberales). Tanto en escaños (144-143) como en votos (40,6%-40,3%). El SD (17,6%) no entra en sus cálculos. Igual que le parece anecdótico que los socialdemócratas obtuviesen los peores resultados desde la introducción del sufragio universal en 1911, así como que no llegasen al 30% por primera vez desde 1920.

Los moderados perdieron 3,5 puntos y bajaron hasta el 19,8%, pero les queda el consuelo de que salvaron el segundo puesto por delante del SD, algo que los sondeos no veían tan claro. Kristersson pidió la dimisión de Löfven, señalando que la coalición gubernamental con los verdes sólo fue respaldada por un tercio de los votantes. Sus cuentas ignoran a la extrema izquierda, que prefiere a los socialdemócratas. No mencionó tampoco al SD, pero dejó implícito el mensaje de que, sumando las papeletas nacionalistas, el viraje de Suecia hacia la derecha es evidente: un 57,9% del voto.

El problema de Kristersson es que, si bien una mayoría de sus seguidores desea un acuerdo con el SD, sus aliados se muestran más que reticentes, así que hasta ahora ha rechazado las propuestas de Akesson. Quienes más se niegan son los centristas, que han basado su campaña en la defensa de una política de inmigración "humana". La relación entre Akesson y Annie Lööf, la líder centrista, es tan tensa que, después del último debate de líderes, Lööf retó al nacionalista a un debate final en la radio. Aceptó y chocaron de nuevo. "Impedís la integración", le dijo ella. "Estuvisteis ocho años en el poder y destrozasteis la sociedad", contestó él.

Figura de consenso

Lööf, de hecho, podría ser la tercera vía. Una primera ministra de consenso entre izquierda y derecha. Un poco al estilo 'Borgen', la serie danesa de política-ficción. Con un 8,6% del voto, los centristas cosecharon sus mejores resultados desde 1988. De momento, ni Kristersson, ni Löfven contemplan esta opción. El líder socialdemócrata, sin embargo, parece dirigirse especialmente a ella cuando habla de la necesidad de llegar a acuerdos transversales. Eso sí, con él como jefe.

Tras conocerse los resultados, Löfven dijo que "la política de bloques" había sido enterrada. El auge del SD, en efecto, ha transformado por completo el paisaje político sueco. Hace ocho años ni siquiera estaba en el Parlamento y ahora es la clave del futuro Gobierno. El partido de Akesson fue el que más avanzó en las elecciones, de un 12,9% a un 17,6. Números pese a todo algo decepcionantes ya que ni adelantó a los moderados, ni se acercó a ese 23-24% que algunos sondeos le concedían hace un par de meses. Aun así, sin ellos ningún bloque puede formar mayoría. Löfven es consciente de esta realidad y, por ello, trata de que se les siga considerando unos apestados: "Tienen raíces nazis y lo único que ofrecen es más odio". Entretanto, Kristersson tratará de dar con la casi imposible fórmula que le permita recibir el respaldo del SD sin negociar con Åkesson, con el beneplácito de sus aliados y sin que Löfven le acuse de pactar con "nazis".

Malmo, tercera ciudad del país (312.000 habitantes), ilustra claramente las dificultades que afronta el líder moderado. El domingo se celebraron también las elecciones municipales y el centroderecha se quedó a un solo escaño de la mayoría, que alcanzaría de sobra si se une al SD. Liberales y centristas, sin embargo, se niegan, aunque no rechazarían un apoyo pasivo siempre que no sea parte de una colaboración oficial. Una solución que Kristersson quizá pueda copiar.

Escania, la provincia a la que Malmo pertenece, limítrofe al sur con Dinamarca, es donde el SD más ha crecido en las generales. Fue el partido más votado en 19 de sus 33 comunas, superando incluso el 35% en cinco de ellas. Malmo, la ciudad más afectada por conflictos con la inmigración, fue otra vez un ilustrativo ejemplo de la nueva Suecia. En su barrio bastión de Almgarden, el SD logró el 41,2%, superando por primera vez a los socialdemócratas, que bajaron del 41,9% al 34,1. Almgarden es vecino de Herrgarden, la peor zona del problemático distrito de Rosengard. El 96% de los ciudadanos de Herrgarden es de origen extranjero, la gran mayoría musulmanes. Allí los socialdemócratas coparon el 79,6% del voto, mientras que el SD obtuvo un raquítico 1,2%.

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