Francia: Los “chalecos amarillos” son el reflejo de una crisis profunda en el país

El movimiento de los Chalecos Amarillos, que estalló de una manera sorprendente en el paisaje social y político de Francia, es un reflejo de la profunda crisis nacional y la indignación de los ciudadanos hacia la política del gobierno, de acuerdo a analistas y académicos que comentan la gran movilización que comenzó en noviembre de 2018, y se repitió cada sábado hasta conseguir su objetivo, el último fin de semana en su octava edición con acciones que movilizan multitudes en París y otras ciudades en el país.

De acuerdo con el profesor Jean Ortiz, Francia está sumida en una profunda crisis de la que nació una corriente social inédita, histórica, tal vez sin precedentes desde el Frente Popular en 1936. En un artículo reciente, afirmó que “habrá un antes y un después”, de este movimiento en el que gran parte de la población expresa una ira subterránea que fue contenida durante mucho tiempo.

A su vez, el académico Salim Lamrani dijo que los Chalecos Amarillos, apoyados en un 80 por ciento de la población, “simbolizan el levantamiento ciudadano de los olvidados de la República (…) que aspiran a una distribución más equitativa de la riqueza nacional”.

Aunque el origen de la protesta fue el aumento del precio del combustible decretado por el gobierno de Emmanuel Macron, los reclamos se extendieron luego a la subida de impuestos en general y la pérdida de poder adquisitivo como consecuencia de la política gubernamental. Ahora el movimiento también exige la reforma de la Constitución para construir una democracia plena en la que los ciudadanos tengan la oportunidad de preguntar y alentar la realización de referendos nacionales sobre cuestiones importantes.

La movilización, que desde el principio ocupa los titulares de la prensa nacional y llama la atención del mundo, tomó por sorpresa a la sociedad francesa y es diferente en varios aspectos de las manifestaciones tradicionales. En este sentido, se observa su condición de movimiento no articulado; alejado de partidos políticos, sindicatos y otras organizaciones tradicionales; y protagonizada por los ciudadanos, en su mayoría ajenos a la  política, que en  el curso de los acontecimientos fueron radicalizando sus posiciones y acciones.

Según Ortiz, los Chalecos Amarillos  tienen raíces profundas: los más de 30 años de ‘liberalismo’, los grandes golpes  en  contramano de los servicios públicos, ingresos, salud, educación.

Esta ola violenta de retroceso social y su completo fracaso (pagado por los trabajadores), condujo a un enorme sufrimiento social y casi diez millones de personas, de acuerdo con los institutos de investigación, viven por debajo del umbral de pobreza, agregó.

En este contexto, las aspiraciones de los ciudadanos del movimiento “Chalecos Amarillos” apuntan a una mayor justicia social, señaló Salim Lamrani. “La gente demanda justicia social y fiscal, una democracia más participativa y el derecho a vivir con dignidad”, agregó.

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