Elecciones en Israel: Benjamín Netanyahu gana por una mínima diferencia

El esfuerzo titánico de Benjamín Netanyahu en una larguísima y dura campaña electoral tuvo su recompensa para el primer ministro más incombustible de Israel. Netanyahu ganó las elecciones de ayer martes por la mínima frente su oponente el general retirado Benny Gantz, una mínima que sólo está asegurada por la coalición que es capaz de armar con una serie de partidos de derecha, religiosos y de ultraderecha.

Netanyahu y Gantz obtenían la mañana de este miércoles con el 97% de los votos escrutados 35 escaños cada uno, pero en términos de bloque, que es lo importante, el primer ministro podría llevarse 65 del total de 120 que tiene el Parlamento israelí, la Knesset, donde la mayoría se sitúa en 61 escaños. Los partidos religiosos ashkenazí y sefardí, los partidos de extrema derecha y el partido ruso Israel Nuestra Casa, del exministro Avigdor Lieberman, al que no se le daban grandes perspectivas, pueden asegurar la victoria de Netanyahu.

La participación en la jornada electoral del martes fue inferior (61%) a la del 2015 (68%), en parte debido a la baja asistencia a las urnas de la minoría palestina israelí, de solo el 46%, resultado tanto de la depresión como del boicot provocados por la ley de Estado nación del pueblo judío promulgada el año pasado.

Otras dos notas de estas elecciones: el desplome de los laboristas, que no por previsto es menos notorio, ya que caerían de 14 escaños a 6, y la derrota total del extravagante ultraderechista Moshe Fiegler, un hombre de postulados violentos que se presentaba sin embargo bajo la bandera de la legalización del consumo de marihuana. Su partido, Zehut, no accederá al Parlamento.

Beniamín Netanyahu, un político de acero, inasequible al desaliento, debía saber muy bien que su margen de victoria era muy estrecho porque hasta el último momento estuvo haciendo campaña. El martes hacía buen día, era medio festivo y muchos se fueron a la playa, así que él también acudió allí a pedir el voto. Escenificó además una reunión de urgencia del Likud y estuvo enviando tuits (“La situación de la derecha es muy mala”, “Debemos evitar un gobierno izquierdista”) y vídeos insistiendo en que Yair Lapid, socio de coalición de Benny Gantz, sería primer ministro y pactaría con los partidos palestino-israelíes (cosa más bien improbable) y con el socialdemócrata y pacifista Meretz.

Pero además -y eso dejó marcada la jornada electoral- militantes del Likud que hacían de observadores electorales en colegios de esa minoría que constituye el 20% de la población israelí fueron detectados usando minicámaras ocultas para grabar a los votantes, hasta 1.200 según la prensa. La policía retiró docenas de ellas tras la denuncia de Hadash-Ta’al y Ra’am-Balad de que se trataba de un acto de intimidación, pero el presidente de la Comisión Electoral no acabó de dar una respuesta concluyente, determinando que el público no había sido filmado mientras votaba, mientras que sí era lícito grabar durante el recuento. Los activistas dijeron que se trataba de evitar el fraude.

Netanyahu parecía aplicar el agresivo lema de campaña –“No al cese el fuego, fuego sin cesar”- de uno de sus compañeros de viaje de la ultraderecha, Itamar Ben Gvir. Este colono de Hebrón que defiende como abogado a los autores de los incendios de la casa de la familia Dawabshe en Cisjordania (tres muertos) y de la iglesia de los Panes y los Peces, en el mar de Galilea, está vinculado a viejo radicalismo judío desde que, de joven, robara el emblema del Cadillac de Isaac Rabin y lo mostrara en televisión, semanas antes del asesinato del primer ministro, diciendo que irían a por él. El pasado febrero, Netanyahu gestó la coalición de su partido, Fuerza Judía, con Hogar Judío para formar la Unión de Partidos de Derecha, un respaldo parlamentario seguro que procuraría al menos cinco escaños al primer ministro en su quinto mandato.(EFE)

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