La Unión Europea intenta salvar contra reloj el acuerdo nuclear con Irán

Los europeos no tiran la toalla e intentan desesperadamente salvar el acuerdo nuclear con Irán, que está a punto de romperse definitivamente, lo que provocaría un aumento de tensión y de inestabilidad en la zona. El riesgo es tan elevado que ayer todos hicieron un llamamiento ­para evitar la escalada. “Todas las partes deben mostrar la máxima prudencia y evitar la escalada militar”, dijo la alta representante de la UE, Federica Mogherini, después de una inesperada reunión en Bruselas con el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo.

Lo cierto es que la situación se está tensando progresivamente, con Estados Unidos que siguen pre­sionando a Irán, cerrando sus sa­lidas de petróleo y, al mismo tiempo, enviando un portaaviones y bombarderos B-52 al Golfo en una demostración de fuerza ante lo que considera amenazas a sus tropas en la zona. Por su parte, fuentes ­iraníes consideraron que esta estrategia forma parte de una “guerra psicológica” contra ellos y advirtieron que tomarán represalias si Estados ­Unidos realiza movimientos agresivos.

Con este panorama, la tensión está servida. Así lo avisó el ministro británico de Asuntos Exteriores, Jeremy Hunt, que tiró de la señal de alarma: “Estamos muy preocu­pados por el riesgo de un conflicto que puede producirse por accidente con una escaldada que ninguna de las partes quiere pero que puede terminar en algún tipo de conflicto”. Hunt desarrolló al completo la pesadilla que no deja dormir a los europeos, un Irán saltándose los ­límites y acelerando la preparación para convertirse en potencia nu­clear, lo que provocaría que sus vecinos siguieran el mismo camino y todo ello en la región más inestable del mundo. Sería “un paso de gigante en la dirección equivocada”, dijo el británico Hunt.

Otros países firmantes del pacto también alertaron de los peligros. “Le he dicho de manera clara (a Pompeo) que estamos preocupados por las tensiones en la región y que no queremos una escalada militar”, dijo el ministro alemán Heiko Maas. “La posición norteamericana de aumentar las presiones y las sanciones no nos conviene”, añadió el francés, Jean-Yves Le Drian.

El camino del enfrentamiento lo tomó Donald Trump hace justo un año cuando anunció su retirada del acuerdo nuclear con Irán, el Plan de Acción Global Conjunto (JCPOA), ante lo cual, los europeos firmantes de aquel acuerdo se movilizaron para evitar que las sanciones anunciadas por Washington afectaran en demasía a Irán y que el país de los ayatolás se mantuvieran dentro del pacto. Lo consiguieron con grandes dificultades hasta la semana pasada, cuando Teherán dio un ultimátum de 60 días para restablecer las condiciones originales del pacto o, en caso contrario, se saltaría los límites de enriquecimiento de uranio a qué se había comprometido.

Este lunes, el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, anunció por sorpresa su visita a Bruselas, donde los ministros europeos de Asuntos Exteriores mantenían uno de sus encuentros habituales. Pompeo modificaba la ruta de su viaje a Sochi, en el mar Negro, donde hoy se reúne con el presidente ruso, Vladímir Putin, y su ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, para hacer una escala en Bruselas. “Estamos aquí todo el día con una agenda completa. Veremos durante el día como arreglamos para organizar una reunión. Obviamente, él(Pompeo) es siempre bienvenido, pero no hay planes precisos por el momento”, confesó la alta representante, Federica Mogherini, a primera hora del lunes en Bruselas.

La reacción de los europeos fue la de redoblar la defensa de un pacto que cada vez parece más imposible de mantener, al mismo tiempo que criticaban el ultimátum dado por Irán la semana pasada. Todos los esfuerzos europeos de los últimos meses estaban destinados a evitar precisamente que Teherán diera un paso de este tipo, que acerca peligrosamente la ruptura. “Continuaremos apoyándolo (al plan) tanto como podamos, con todos nuestros instrumentos y con toda nuestra voluntad política”, siguió insistiendo ayer Mogherini.

Apoyo al plan pero también ­advertencia a Teherán. “Las declaraciones que hizo Irán sobre sus compromisos son muy preocupantes y el ultimátum no es nada conveniente”, dijo el ministro francés Le Drianen.

Por su parte, el ministro español. Josep Borrell, manifestó que “haremos todo lo posible para mantener vivo este acuerdo”, dado que considera que si acaba rompiéndose sería “una derrota de la diplomacia”. También apuntó que España se plantea entrar en el mecanismo financiero de la Unión Europea que intenta garantizar que se puedan seguir haciendo negocios con Irán pese a las sanciones. Por el momento, Francia, Alemania y el Reino Unido son los participantes en este instrumento financiero de apoyo al intercambio comercial (Intex), desarrollado para que las empresas puedan esquivar las sanciones con que Washington amenaza a las compañías que comercian con Irán.

En todo caso, si el acuerdo nuclear con Irán se rompe, se trataría del fracaso de uno de los grandes logros de la Administración Obama en política internacional. Conseguir que, después de 35 años de enfrentamiento, Irán aceptará unas limitaciones en su enriquecimiento de uranio acompañado de un severo sistema de inspecciones que garantizaba que no se convertiría en potencia nuclear. Y durante estos casi cuatro años, desde su firma en julio de 2015, Irán respetó escrupulosamente las condiciones, según ha certificado repetidamente la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), que es el organismo encargado de este control. Todo seguía correctamente su curso hasta que Trump, sea porque, como dice, considera el acuerdo insuficiente o porque lo estigmatiza por ser legado de Obama, decidió romperlo.

Estados Unidos se retiraron hace un año, con lo cual, y a pesar de los esfuerzos europeos, Irán volvió a sufrir sanciones especialmente en dos sectores, la venta de petróleo y el sector bancario, y la semana pasado, el presidente iraní, Hassan Rouhani, soltó su ultimátum. O cambian las cosas en 60 días o ellos también abandonan el acuerdo.

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