Irán: El Gobierno enfrenta movilizaciones luego de la caída del avión con 176 personas a bordo

La indignación que despertó el asesinato de Qasem Soleimani por Estados Unidos entre parte de la sociedad iraní, incluidos un buen número de los que no se alinean con la República Islámica o sus actuales líderes, dio paso a la rabia en cuestión de minutos el sábado cuando, muy temprano por la mañana, las fuerzas armadas reconocieron que, “sin intención” y por un “error humano”, habían derribado el avión ucraniano con 176 personas a bordo, en su gran mayoría iraníes o de origen iraní. Muchos de ellos eran jóvenes estudiantes de doctorado o graduado de las mejores universidades del país.

El apoyo que había recuperado el régimen en los días previos, cuando millones de iraníes se unieron en torno a la figura del general asesinado, quedó cuestionado. “De repente recordamos que hemos vivido en una especie de mentira. La venda se nos ha caído”, asegura Mahsa, economista de 27 años, que considera que si bien los misiles lanzados para vengar a Soleimani fueron efectivos, las fuerzas de seguridad mostraron falta de preparación para gestionar este tipo de emergencias. “Fueron torpes, no me lo puedo creer”, dice.

Los iraníes siguen preguntándose porque no se cerró el aeropuerto de Teherán para los vuelos comerciales la noche del ataque con misiles sobre Irak. Después de cinco días, nadie quiere reconocer quién dio la orden de dejarlo operativo. Ni siquiera los Guardianes de la Revolución, que se han responsabilizado del fallo humano.

Este sentimiento se ha extendido entre un sector de la clase media de las grandes ciudades, que ha reafirmado su convencimiento de que al régimen no le importa la vida de su gente. Y ha vuelto a las calles después de una década sin hacerlo. La mayoría se habían mantenido alejados de las movilizaciones de finales del 2017 y de noviembre del 2019. No tenían claro quién las lideraba. Sentían que tenían mucho que perder ante la represión del régimen, especialmente dura hace dos meses, cuando Amnistía Internacional documentó 304 víctimas. Personas del propio régimen –sin que haya una declaración oficial– admiten 170 muertos.

“No sólo siento rabia por la mentira, sino por todo lo que hicieron. Inmediatamente afirmaron que era un fallo técnico, sin ni siquiera plantear que lo iban a investigar. Y así muchas otras cosas, como limpiar el lugar de la tragedia”, asegura Hamid, un matemático de 28 años que el sábado se unió a la vigilia por las víctimas que terminó en protesta. Las mismas que se han extendido en los últimos tres días en Teherán y otras ciudades.

Las protestas están lejos de ser multitudinarias, pero son significativas. Primero por los riesgos que representa para una población aterrada por el despliegue militar en las calles. Y segundo porque en ellas han ganado protagonismo los estudiantes, que sienten que son ellos los primeros atacados. “Matan a nuestras élites y ponen clérigos en su lugar”, gritaban ayer los estudiantes de la Universidad Sharif de Teherán, conocida como la universidad de los genios en Irán. “No queremos un gobierno gobernado por los Guardianes Revolucionarios”, era otro de los eslóganes.

Hamid no era un apasionado del general Soleimani, pero lo respetaba por su lucha para proteger a Irán de los enemigos, incluido el Estado Islámico. “No estoy de acuerdo con lo que hicimos en Siria pero me sentía orgulloso de que Irán fuera el país más seguro de la región”, añade el joven, que incluso se peleó con amigos días atrás por defender el legado del general. Algunos, cuenta, lo acusaron de apoyar al régimen. “Yo prefiero a Soleimani a Trump. Él ordenó matarlo en otro país que no era Irán. Eso es terrorismo”, decía Hamid, quien asegura que eso no significa que apoye a la República Islámica.

Lo mismo piensa Nahid, que dice que ha llorado porque no puede entender cómo el Gobierno no le prestó atención a las víctimas y a sus familias. “No había ni un cartel de pésame en las calles, nada. Fue la presión internacional la que les obligó a reconocer que fueron los responsables. Pero no les importa. Dicen que sí, pero no es cierto”, dice. Muchos periódicos sólo abrieron con la noticia el domingo, lo que llevó a muchos periodistas a pedir perdón.

“Confiamos en lo que nos decían, pero luego nos dimos cuenta de que todo era mentira”, dice un periodista que pide no dar su nombre. Como muchos iraníes, hoy se cuestiona todo lo que les han dicho durante años. Ayer el portavoz del Gobierno, Ali Rabee, también aseguraba que a ellos no les habían dicho nada y que el presidente, Hasan Rohani, ni tan sólo sabía que se llevaba a cabo una investigación.

“¿A quién pertenece el país, a ellos?, se pregunta el periodista. Y señala que, mientras que a milicianos y personas cercanas al régimen les dan permiso para hacer una protesta frente a la embajada británica, a ellos los reprimen. El domingo dos mujeres recibieron disparos en las piernas, según circuló en las redes sociales. La policía dice que ha pedido contención a sus fuerzas, pero en el complejo sistema de seguridad de la República Islámica es muy difícil saber quién es el responsable. El domingo fueron los basij, o milicianos, quienes lideraron la presión contra los manifestantes y lanzaban gases y balas de caucho.

Lo que ha sucedido en Irán desde el asesinato de Soleimani –millones de personas en la calle para acompañarlo en su entierro, el ataque a Estados Unidos y el derribo del avión– ha hecho renacer las tensiones entre los que apoyan al régimen y el resto de la sociedad. “Se iban de Irán, son personas que traicionaron el país”, decían algunas cuentas en Instagram relacionadas con los basij de las víctimas de la tragedia aérea.

Días atrás un director de series y documentales cercano al sistema, Nader Talebzadeh, decía en la televisión que el accidente se debió a “la voluntad de Dios”. “Incluso si suceden diez incidentes como este, nada es comparado al hecho principal (el ataque a bases de Irak en represalia por Solemaini)”, dijo. “Siento que somos ciudadanos de segunda”, escribió la actriz Taraneh Alidusti, que como muchos otros artistas, directores de cine y escritores, ha participado en las protestas. Muchos de estos artistas habían expresado condolencias por Soleimani. Y tres presentadores de la televisión se despedían ayer de la audiencia. “No puedo continuar mi carrera en la radio y televisión después de 21 años. No puedo, no más”, dijo Saba Rad, famosa por su programa de las mañanas.

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