Dos derrotas obligan a Macri a dejar el marketing y hacer política (Por Gonzalo Carbajal)

Dos derrotas obligan a Macri a dejar el marketing y hacer política (Por Gonzalo Carbajal)

El fin de año siempre viene con sorpresas. Lo saben los más chiquitos que esperan esta época con envidiable ansiedad. Los adultos también. Cuando faltan algunos meses en todas las conversaciones se empieza a aludir a este período del año en que —al menos en este rincón del mundo— una especie de condensación emocional comprime buena parte de la vida cotidiana.

Para la política el efecto es del mismo tenor, los analistas lo escriben, los actores políticos y sociales especulan con el efecto “fin de año” como una variable más de su acción cotidiana. Ya leímos sesudas interpretaciones de situaciones que podrían estar sucediendo en municipios populosos. Desde planes para movilización en busca de comida en supermercados, supuestamente motorizados por organizaciones sociales, hasta autoridades que acopian pertrechos para calmar los ánimos.

En eso estábamos al terminar 2016, con el oficialismo haciendo fulbito discursivo para entretener a su parcialidad y los medios de mayor circulación gritando ole desde sus tribunas para ampliar la cobertura. Pero de a poco, en los últimos treinta días, se fue colando la política. Y para Macri —también para Durán Barba y Marcos Peña— se frustró la posibilidad de llegar al récord de un año sin hablar de política.

Comunicación de campaña, comunicación de gobierno

Siempre es un desafío el pase de la comunicación de campaña a la comunicación de gobierno. Luego de triunfar en las elecciones la estrategia discursiva suele acompañar los movimientos que se organizan en torno a la realpolitik. Habitualmente es una etapa de rupturas más que continuidades, por la diferente naturaleza de esas instancias y lleva un tiempo acomodar el paso.

El trío aludido sorprendió con un manejo hasta aquí nunca visto en estas tierras. Inauguró un estilo de comunicación gubernamental que hizo gala de un virtuoso manejo de los medios sociales y el mundo digital y una estrategia simple y plana en los medios analógicos y tradicionales. Mucho movimiento en los primeros y campañas despolitizadas, ausentes de sorpresa, en los segundos. Poca interacción con periodistas (con periodistas que hagan periodismo). Mucha propaganda. Poca comunicación política. Marcos Peña explicó que se trataba de una comunicación horizontal, con mucha imagen y conceptos simples y concretos. Que utiliza interacciones directas, mediante timbreos y correos electrónicos. Que aprovecha de las apariciones sorpresivas de Macri —al estilo del falso viaje en colectivo, o pidiendo ir al baño en la casa de algún vecino, agregamos nosotros—.

Las metáforas banales como la luz al final del túnel, las dos pizzas, los brotes verdes, la revolución de la alegría, poblaron un discurso más cercano a la autoayuda que a lo político que es novedoso en la instancia nacional pero no lo es en referencia al macrismo. Desde que se puso en campaña para gobernar la Ciudad de Buenos Aires las referencias deportivas fueron moneda corriente en el universo Pro, no son los únicos que las utilizan en política. Ahora nos hemos acostumbrado a “retiros espirituales” donde se esfuerzan en mostrar que son un equipo, con eso de vestirse todos parecidos, hablar en el mismo tono y homogeneizar lo que se dice.

Se trata de un universo feliz en el que se pregona la posibilidad de una vida de goce, siempre y cuando se condene al kirchnerismo al último lugar de la escala social, y se cuente en ese objetivo con la complicidad de la mayor parte del arco político y social. Hubo momentos en este 2016 que parecía que lo lograrían. Hicieron su aporte denuncias a granel que siempre encuentran un fiscal dispuesto y un juez pronto. Declaraciones de compromiso de referentes y dirigentes que quizá aspiraban a una sobrevida política a la sombra de un macrismo hegemónico, conformados con poco más que un hueso.

De la autoayuda al pedido de ayuda

Pero llegó el fin de año sin que hayan logrado meter presa a Cristina. Con poco más para decir de José López sin que aparezca manchado Angelo Calcaterra (el primo presidencial). Para colmo de males Milagro Sala sigue presa en una situación que es denunciada en cuanto ámbito internacional participa nuestro país. Y el presidente puesto a elegir entre mantener su alianza con el radicalismo y cumplir con los derechos Humanos, optó por lo primero. Cantado. Pero no cómodo.

Es en este panorama que se colaron los dos importantes traspiés legislativos en sendas iniciativas del Poder Ejecutivo: voto electrónico frenado por el Senado, impuesto a las Ganancias en Diputados. Con el primero se les cae un anhelo sospechado de todo tipo de negociados. Con el segundo queda expuesta, una vez más, otra promesa de campaña incumplida.

Pero además se vino diciembre y el sinceramiento se sintió fuerte en “la víscera más sensible”. Se filtran opiniones negativas por todos lados, las encuestas por más amañadas que estén no se pueden dibujar tanto y los dueños de los medios no hacen nada por evitar que a sus conspicuos escribas se les cuelen referencias al espanto que produce la incapacidad de la tribu gobernante. De todos modos se esfuerzan —ya se ha dicho—, y sobre todo, les queda mucho por sacarle antes de volcarse a la oposición. Pero ese es otro tema y quizá la moneda de cambio haya que buscarla por los ignorados Panamá Papers.

Decíamos que se metió la política en el medio y ya no pudieron patear la pelota afuera con frases de ocasión. Tuvieron que salir a hablar de política los que trataban de esquivarla. Vimos a Peña y Frigerio en la Sala de Prensa de la Casa Rosada amenazando de seguidismo a Cristina a quienes no quisieran tratar el Voto Electrónico y luego de sucedido el fracaso, el gobierno el pleno acusando de “feudales” a los gobernadores. Con ganancias llegó el golpe para Massa, a quien luego de ensalzar como futuro líder del peronismo en Davos el mismo presidente acusa de impostor, por ser parte de un acuerdo opositor. Michetti hablando de veto a la posible Ley, luego desmentido. Bienvenidos a la política.

Veremos cosas de este tipo de aquí en más si es que el gobierno quiere dar batalla política y no se entrega. Seguir como hasta ahora poniendo el eje de la política en un lugar y el de la comunicación en otro sería suicida. Porque el marketing político es un elemento y no puede ser nunca un argumento.

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