Medir no es educar, y menos “aprender” (Por Florencia Marcote)

Medir no es educar, y menos “aprender” (Por Florencia Marcote)

Cuando uno cree en la educación y en el compromiso con la educación es muy difícil realizar un análisis ordenado de una política como el Operativo Aprender 2016. No obstante, intentaremos pasar en limpio algunas ideas que llamen a la reflexión acerca de las política educativa en la que se enmarca esta herramienta diagnóstica que nada tiene de neutral o inocente.

Si hay un sujeto social que sabe de diagnósticos son los docentes. Cuando un docente debe hacer un diagnóstico una y otra vez se le repite que se trata de un tiempo que debe tomarse para conocer a los estudiantes. La “evaluación de diagnóstico” se realiza en función de las características singulares del grupo de alumnos, sin conocer antes a los chicos un docente no puede proponer actividades, tareas e interrogantes. ¿Cómo podría entonces una herramienta estandarizada, que se aplica exactamente igual de La Quiaca a Ushuaia, responder a una necesidad de diagnóstico de la situación, si ni siquiera advierte las diferencias culturales y sociales de los sujetos que deben responderla? ¿Cómo aplicar evaluaciones estandarizadas a nivel nacional cuando los contextos y los currículums educativos son tantos y tan variados? ¿Es esta la verdadera federalización, o no es más que homogeneización? Podríamos indicar en una primera instancia que el instrumento falla metodológicamente.

En segunda instancia, nos gustaría referirnos al supuesto de objetividad con que intenta teñirse toda medición de tipo cuantitativo como esta. Como todo instrumento implementado por el Estado, cuenta con una intencionalidad política, y se inscribe dentro de un programa más amplio, que hasta ahora desconocemos pero podemos intuir. Por un lado, la elaboración de las mediciones se encuentra mediada por instituciones privadas, cuyas lógicas de funcionamiento en pos del bien común y la formación de la ciudadanía son por lo menos cuestionables.

Por supuesto, las discusiones en torno al Operativo Aprender reflotan en realidad los debates en torno a qué entendemos por educación, qué entendemos por docencia y qué esperamos de la escuela. ¿Esperamos que forme sujetos para el mercado laboral? ¿O esperamos que forme ciudadanos que conozcan sus derechos y sus potencialidades, que sepan tomar la palabra y tomar decisiones en cualquier contexto que se presente?

Lo que es seguro es que la escuela (y nuestros docentes) hoy, con todas las falencias y debilidades que podamos identificar, se hacen cargo de realidades múltiples y complejas, de sujetos, niños y jóvenes, de carne y hueso, que llegan a la escuela cargando en sus espaldas los errores (también políticos) que los adultos hemos cometido. La escuela, los alumnos y los docentes, son mucho más que resultados cuantitativos, son mucho más que un multiple choice, son mucho más que recursos para el mercado de trabajo, merecen por lo menos que los escuchemos, en res extensa, porque para que ellos aprendan tenemos que aprender nosotros primero.

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