Nos equivocamos (Por Héctor Palma)

Perdón por la siempre incómoda autorreferencia pero, si de autocrítica se trata, resulta inevitable. Nosotros, los que alertábamos antes de las elecciones sobre lo que haría un eventual gobierno del PRO (y que desde los medios concentrados calificaban como “campaña del miedo”) nos equivocamos. Alertábamos sobre el conocido ideario neoliberal que supimos conocer y sufrir despiadadamente desde los 70 y hasta fines de los ’90, sobre las falacias de la teoría del derrame, del achicamiento del Estado, de la libertad de comercio irrestricta, de la “inserción en el mundo”, etc. También avisamos que las políticas neoliberales sólo funcionan con un sistema represivo listo y atento aunque lo suelen  justificar ideológicamente con una serie de patrañas absurdas sobre terrorismo, delincuencia y narcotráfico. También vaticinábamos que se bajarían los salarios mediante distintos mecanismos (despidos, devaluación, inflación descontrolada, paritarias a la baja o débiles para el aumento de la desocupacion). Con algo más de sutileza y especificidad advertíamos sobre la penosa y manifiesta incompetencia e incapacidad para el trabajo del  presidente (sólo un candidato en ese momento) de la derecha argentina y su grupo de allegados. Discurrimos sobre el cinismo político de estos personajes que hoy gobiernan, capaces de decir las mentiras más flagrantes sin que se les mueva un pelo de dignidad. Alertamos sobre la intención de generar artificialmente una crisis que les permitiera ajustar, dado que en una economía normal y en funcionamiento como la que teníamos (con algunos problemas puntuales, es cierto) con casi pleno empleo, crecimiento (bajo, pero en un mundo en recesión eso no es poco), desendeudamiento, descenso de la pobreza y aumento del índice de bienestar, con un mercado interno pujante, etc. Anunciamos que venían a apropiarse de la renta que, tímida y parcialmente, el gobierno anterior había conseguido redireccionar a los sectores más postergados. Sabíamos que los que nos iban a gobernar eran no sólo los grandes esquilmadores del Estado sino que son los últimos eslabones de linajes centenarios de estafadores, evasores, elusores, de los protagonistas del reparto originario de tierras en el siglo XIX. No nos olvidamos de indicar que nos iban a endeudar y que en buena medida esos créditos estarían destinados a que los sectores concentrados de la economía pudieran fugar divisas. Advertimos que las segundas líneas de ministerios y otras reparticiones se iban a inundar de jóvenes militantes y familiares tan o más incompetentes que los jefes políticos que, sin ningún pudor, los ubicaron en los puestos. No nos olvidamos de advertir sobre la política persecutoria sobre los grandes líderes populares con un doble objetivo: por un lado eliminar posibles candidatos ganadores de las elecciones siguientes, pero sobre todo, para instalar en la cultura que el neoliberalismo no es (como sí nos quisieron hacer creer en los 90) la mejor opción, sino, en todo caso la única, porque todo populismo llevaría a la corrupción. Esto último está pasando en toda Latinoamérica.

Y no teníamos ni poderes adivinatorios ni ninguna virtud especial para adelantar lo que iba a suceder. Ya lo vivimos los argentinos, ya sabemos cómo es por lo que nos pasó y por lo que ocurre en otras partes del mundo con estas políticas.  Sin embargo, nos equivocamos, incluso en nuestros pareceres más pesimistas. Todo fue infinitamente peor, cuantitativa y cualitativamente peor. Hoy presenciamos, azorados,a una jauría de funcionarios hiperbólicamente delictual, impúdicamente clasista, indignantemente cínica y vergonzosamente incompetente. 

Ojalá nos equivoquemos 

Sin embargo nuestros errores, señalados en apretada síntesis en el párrafo precedente, no nos inhiben. Aun a riesgo de volver a equivocarnos, es más, deseando equivocarnos, anunciamos los próximos pasos. Se viene la época de los cambios estructurales, esos que, aun con una clara decisión política mediante, se tarda décadas en revertir. Tratarán de avanzar sobre las universidades públicas y la educación pública de diversas maneras: intentando arancelar lo que puedan desfinanciando y ahogando al máximo presupuestariamente, entre otras cosas. Ya han comenzado a instalar los latiguillos ideológicos más conocidos y que prenden en el sentido común irreflexivo e irracional; ya comenzaron a hablar de “calidad”, pronto comenzarán a hablar de esgrimir “equidad”, pero no les interesa ninguna de las dos cosas. Solo les interesa una educación pública degradada para los pobres y una educación de calidad, privada, para los ricos. Desfinanciarán groseramente el sistema jubilatorio: en primer lugar porque no funcionará la falacia (obvia) del blanqueo para financiar lo que impúdica y cínicamente llamaron “reparación histórica”, en segundo lugar por la implementación de lo que llaman “empleo joven” que sólo apunta a eliminar los aportes patronales y a promover la circulación rápida de empleados reduciendo salarios, antigüedad y costos de despido, en tercer lugar con el saqueo del Fondo de garantía de Sustentabilidad (de paso les devuelven el control total de las acciones de empresas a sus amigos empresarios); la “solución” que propondrán será el aumento de la edad jubilatoria y una pensión miserable para los que no tengan aportes completos. Arruinarán el sistema global de salud pública bajando dramáticamente las prestaciones obligatorias de las obras sociales y prepagas. Boicotearán el Mercosur para realinear a la Argentina en la Alianza del Pacífico lo cual llevará rápidamente a la baja (más) pronunciada de salarios y la apertura indiscriminada de fronteras aduaneras y todo ello conducirá a la reprimarización de la economía con las obvias (y crecientes) diferencias y asimetrías en los términos de intercambio. Armarán un sistema de impunidad con una justicia o bien adicta o bien atemorizada o bien cooptada. El esquema se completará garantizando los futuros triunfos en las urnas, aprobando el fraudulento sistema de voto electrónico, hoy en retirada en todo el mundo. Ojalá volvamos a equivocarnos, pero este es el plan de gobierno a corto plazo.

            Para finalizar, luego de asumir nuestros groseros errores iniciales, y después de arriesgarnos con nuevos pronósticos, cabe decir algo sobre la realidad política. Sigue habiendo, al menos, dos proyectos de país, más allá de matices: uno neoliberal, política e ideológicamente de derecha, que pretende un Estado gendarme para que los cuiden e inerme para poder servirse de él y saquearlo (no se equivoquen con lo del “Estado ausente”); el otro con un Estado con políticas económicas proactivas y contracíclicas,que intervenga en las inequidades del mercado; con políticas de redistribución de la riqueza, de salud y de educación. El peronismo (no siempre) ha encarnado esta última manera de ver las cosas. Sin embargo, lejos de confrontar fuertemente con las políticas actuales, parece que buena parte de la dirigencia peronista está hoy empeñada, en alianza tácita y estratégica con el gobierno, en destruir políticamente a los sectores más progresistas de su propio partido.Ojalá sea un nuevo error, lo asumiremos con alegría y satisfacción.

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