Para Raúl Timerman: “El gobierno está complicado, debería pensar que el país llegó a un límite”

El consultor político Raúl Timerman analizó el recorrido de Alberto Fernández a poco más de un año de asumir una gestión atravesada por la pandemia de coronavirus y por la profundización de la crisis económica. Los errores no forzados en la comunicación del gobierno, las diferencias entre el presidente y Cristina Kirchner, y la disyuntiva entre cumplir metas fiscales o resignarlas para atender demandas internas, fueron algunos de los ejes desarrollados para explicar la actualidad política en Argentina.

El director de la consultora Tres Punto Zero evaluó que en el gobierno existen internas con diversos efectos hacia el exterior. Por un lado hay conflictos a la hora de tomar decisiones económicas que van a repercutir directamente en el bolsillo de los argentinos, por el otro emergen diferencias respecto a temas que se presentan como ajenos a la vida diaria de la población, como lo es el funcionamiento de la Justicia.

En un intento por explicar qué vínculo existe entre dos de los temas que generan diferencias en la interna, y el futuro inmediato, analizó: “Lo que Cristina considera es que estas próximas elecciones no las puede perder porque se termina el gobierno, porque su futuro político se ve en problemas, tanto en el frente político como en el frente judicial”.

En diálogo con El Ciudadano, Timerman, resaltó una de las disyuntivas que genera conflicto interno en el gabinete. Consideró que por un lado aparece la figura del ministro de Economía, Martín Guzmán, con la iniciativa de lograr un equilibro fiscal que implica, entre otras cuestiones, descongelar tarifas o resignar asistencias a la producción. Mientras que por otra parte emerge la figura de la vicepresidenta, con la idea de conciliar jubilaciones, salarios, precios y tarifas, variables que pueden aliviar el bolsillo de la población en un año atravesado por elecciones de medio término.

Cumplir con las metas del presupuesto, o resignar la idea de equilibrio fiscal, es una de las problemáticas, que si bien se da puertas adentro, tendrá repercusión directa en la economía diaria de la población. En paralelo, y quizás sin el mismo efecto sobre vida cotidiana, transcurren las diferencias en el binomio presidencial. Una de ellas está ligada a la mirada que cada uno tiene sobre el funcionamiento de la Justicia y las posibles modificaciones en su estructura interna.

En el medio, una pandemia que condicionó las decisiones políticas, la agenda de debate y las conductas ciudadanas durante todo 2020. El comienzo de un nuevo año y las urgencias económicas, inclinaron la balanza y comenzaron a dejar en un segundo plano las preocupaciones por el coronavirus, que lejos de ser erradicado, amenaza con cifras que durante el año anterior obligaron a restricciones severas.

-¿Cuál es la situación actual del gobierno nacional tras un año de pandemia?

-El gobierno empezó con una política casi de unidad nacional, hablando de una agresión externa que era el virus, convocando a todos los referentes nacionales, con aceptación de imagen positiva del 82% en abril y todo eso se fue erosionando. Hoy la aceptación del gobierno es del 40%. El gobierno está complicado, está en una situación complicada en la que debería pensar que el país llegó a un límite.

-¿Esa caída en la imagen tiene que ver con no poder atender a todos los sectores por igual?

-El estado estuvo muy presente con ATP, IFE, Tarjeta Alimentar, pero la torta tiene un determinado tamaño y ahora si se quiere seguir por ese camino, hay que agrandar la torta. Hay que generar empleo remunerado, genuino y lograr incremento paulatino de las exportaciones para conseguir los dólares necesarios. Hay que lograr que la demanda del empleo privado sea tal para que personal del Estado se vaya al empleo privado y el Estado no tener déficit fiscal. Eso significa una disciplina y gesta.

-¿Qué camino puede elegir el gobierno a partir de este año para revertir la situación actual?

-El punto de inicio es la presentación del presupuesto 2021 de Martín Guzmán. Ese era el plan para este año. Él pretendía el desarrollo de una economía sustentable, que el país pueda acordar con los acreedores (solo falta el FMI) y pueda desarrollar un plan económico que le permita hacer frente a los compromisos. Para eso necesitaba reducir déficit fiscal. Eso es lo que Guzmán llamaba plan sustentable. Daba la impresión que todo el Frente de Todos adhería. Guzmán era el vértice donde convergían las líneas del FDT. Algo pasó por la mente de la vice respecto al tema y su última advertencia fue en el acto de La Plata, cuando dejó claro que entramos en un año electoral y que al oficialismo no le puede ir bien si hay una mala situación económica. Ella postula lo que tiene que ser la línea de gobierno a partir de este año: conciliar salarios, jubilaciones, precios y tarifas.

-¿Eso marca diferencias con el plan de Guzmán?

-Eso significa mantener subsidios y tener déficit fiscal. El plan económico empieza a resquebrajarse. Cuando termina el año empieza a sonar fuerte la voz de la vice y la figura de Alberto más diluida. Con sus cartas y balances de Poder Ejecutivo y Judicial, ente el acto en La Plata donde ella fue clara y generó problemas y controversias dentro del frente. Ella sobre el tema pandemia por ejemplo nunca opinó públicamente. Habló del poder de la Corte y del funcionamiento  del Estado. Lo que Cristina considera es que estas próximas elecciones no las puede perder porque se termina el gobierno y su futuro político se ve en problemas en el frente político como en el frente judicial.

-Alberto Fernández coincide con las manifestaciones públicas de Cristina Kirchner respecto a la economía?

-No creo que Alberto no sea consciente de esas cosas, en eso coinciden, pero en lo judicial tiene una visión diferente. No nos olvidemos que el referente de Alberto fue Esteban Righi, y el responsable de la destitución de Esteban Righi fue Amado Boudou. La visión respecto a la justicia son visiones diferentes y no creo que en el corto plazo sean posibles de conciliar.

-¿Fernández conformó un gabinete adecuado a la situación o existen falencias en el armado?

-Hay un presidente con veinte ministerios que no representan el espíritu federal porque su gabinete es del área metropolitana de Buenos Aires, con la excepción de Agustín Rossi y Luis Basterra (Formosa). Este último representa la única participación de un gobernador a través del gabinete. El otro aspecto es que hay un Ministerio de la Mujer pero en el gabinete la mujer esta sub representada. Y el tercer aspecto es que es un gabinete de adultos mayores, no hay gente joven. Y ahora que tienen que dirigirse a ellos no saben cómo hacerlo. Ni siquiera tienen la reacción de convocar a los jóvenes. Hay muchos jóvenes que podrían ser escuchados en esta situación pero no se hace, el gobierno tiene serios problemas de comunicación por idas y venidas.

-¿A qué responden las dificultades que tiene el gobierno nacional en la comunicación?

-La comunicación es una de las actividades de la gestión, que se tiene que hacer tan bien como otras de las actividades. Para eso hay que organizarse. El presidente cree que posee todos los atributos para ser el gran comunicador, pero acá está ausente el aparato comunicacional del gobierno. Es demasiado importante la figura presidencial como para tener que comunicar todo o corregir lo que digan los ministros, no se ve a un equipo de gobierno trabajando mancomunadamente. Es verdad que le toco gobernar en las peores condiciones. A su vez, este gobierno continuó con una política que arrancó Marcos Peña, donde las pautas están dirigidas a los medios y no a los periodistas, es decir que no ponen publicidad en programas, ponen en medios. Esto tiene un problema serio que es romper un vínculo con los periodistas y establece un vínculo con los medios, pero los periodistas no siempre responden a la línea editorial de los medios.

-¿El gobierno logró tomar control e instaurar los temas de agenda política?

-Al gobierno le cuesta instalar la agenda, pero la agenda tiene mucho que ver con contradicciones en la comunicación, eso aparece repetidamente. Como por ejemplo lo de la aplicación de una o dos dosis de la vacuna Sputnik V. Todo surge a partir de algo que viene de la comunicación oficial y luego se discute. Sucede también con el conflicto con el campo. Lo que sucede también es que la oposición que está fuertemente desorientada, por eso hay equilibrio. La oposición debería organizarse para mostrar alternativa. Macri no es una alternativa. La oposición también está en una situación donde se le complica instalar temas.

-¿El rebrote temprano de casos responde esas dificultades en la comunicación o a las urgencias económicas de la gente?

-La gente al principio estaba muy asustada, se sabía menos y había menos recursos. Con las primeras cuarentenas se reconstruyó el sistema de salud y la gente se fue acostumbrando a convivir con el virus pero sufrió las consecuencias económicas. Entonces en este momento comienza a preocupar la parte económica y tienen que reconstruir la economía familiar. Hay gente que no sabe si su trabajo va a seguir existiendo o si el sueldo le va a alcanzar, está lleno de trabajo informal. Gente que si no sale y trabaja, no tiene para comer.

-¿Pasó a un segundo plano la pandemia como preocupación principal?

-Hay una encuesta que se hizo en 27 países. De todos esos países, Argentina es la que menos tiene preocupación por el coronavirus. El empleo y la inseguridad figuran por encima del contagio. Incluso el gobierno ha variado en eso, para el gobierno lo fundamental era la vida, y ahora se habla de que no se va a poner en riesgo la temporada turística. Entramos en un año electoral y las convicciones cambian.

-¿Se puede pensar en una recuperación económica en 2021. Hay algún sector sobre el que se pueda apoyar el gobierno?

-La locomotora de la recuperación va a ser el estado a través de la obra pública, que va a estar limitada por los recursos. Se va a financiar en pesos, sin dólares. Va a ser más fácil hacer rutas que una represa hidroeléctrica.
El país está demasiado perturbado por la situación de la pandemia, que es una situación de temor ante la posibilidad de no poder resolver problemas, familiares, ante la inseguridad, temor hacia el contagio. Una sociedad temorizada es una sociedad quieta, que no se moviliza. Yo creo que la responsabilidad del gobierno es realizar una gesta para poner en movimiento a al sociedad para la reconstrucción del país. Es un país en ruinas.

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