Echan al cura Javier Olivera Ravasi, el responsable de organizar la reunión de diputados con genocidas en Ezeiza

El cura que organizó y coordinó la reunión entre los diputados de La Libertad Avanza (LLA) y los genocidas detenidos por delitos de lesa humanidad, Javier Olivera Ravasi fue echado este jueves por el obispado de Zárate-Campana y no le renovaron el permiso para desarrollar actividades pastorales en su distrito.
Olivera Ravasi es sacerdote desde hace 18 años luego de haber cursado como seminarista en el Instituto del Verbo Encarnado, de Mendoza, donde luego fue profesor. De la Institución se fue en 2015, justo cuando empezaron las denuncias por abusos, maltratos y violaciones sufridas por alumnos y seminaristas por parte de algunos directivos y docentes. El sitio Data Clave trazó un perfil más que interesante de este hombre que hoy vuelve a la escena política.
Ya lejos del Verbo Encarnado y de las denuncias, fundó la Orden de San Elias junto al sacerdote Federico Highton. La Orden, que no está inscripta en el registro de cultos, no tiene tampoco misión sacerdotal más allá de la de sus dos fundadores: Highton en remotos parajes africanos y Olivera Ravasi en el coqueto barrio privado de San Benito, donde es capellán de la Iglesia San Juan de la Luz.
Es la parroquia "San Juan de la Luz", inaugurada en 2017 en el Barrio Privado "San Benito" y que está bajo la órbita del Obispado de Zárate-Campana, es donde da misa este cura. Llegó allí gracias a los vínculos directos con el poder político y empresarial, muchos de ellos heredados de sus padres. Allí, sobre una mesa, yace un rosario hecho por balas.
Jorge Olivera y Marta Ravasi volaron a Italia en julio de 2000 para celebrar sus bodas de plata. Veinticinco años juntos en los que formaron una familia y siguiendo la carrera de él, se afincaron en las diferentes ciudades que el Ejército les marcaba como destino. Pero Olivera era más que un turista: era un carnicero y violador entre cuyas víctimas estaba, por ejemplo, Marie Anne Erize, la bellísima modelo de origen francés cuya imagen pobló las revistas de los 70. Olivera la conoció bajo las luces de la prensa, y en las sombras de las cuevas de tortura.
Fue poner un pie en el aeropuerto romano de Fiumicino y Olivera fue encerrado en la cárcel de Regina Coeli. Lo buscaba la justicia francesa por la desaparición de 16 ciudadanos de esa nacionalidad durante la última dictadura, entre ellos, la joven Erize, quien fue secuestrada por un comando de militares del Regimiento 22 de Infantería de Montaña el 15 de agosto de 1976 en San Juan, del cual el entonces teniente Olivera era el jefe de Inteligencia. Él mismo dirigió el operativo que la cercó mientras ella estaba en una bicicletería sanjuanina, y la llevó al centro clandestino "La Marquesita", donde la torturó y violó. El cuerpo de Marie Anne nunca apareció. Pero mientras tanto, Marta Ravasi, su esposa, volvió a Argentina y recurrió a sus amigos de siempre: necesitaba presionar al gobierno y la justicia para lograr la libertad del preso y uno de los recursos fue presentarse en televisión.
Su hijo, por entonces en la vida laica, escribió una carta al diario La Nación dirigida al gobierno. Allí decía que su padre estaba "abandonado en manos de países extranjeros por una lamentable decisión del Gobierno". El hijo del militar retirado sostenía que, "aprovechando este error", él y su familia sufrían "una campaña de amenazas veladas y directas por parte de organizaciones de derechos humanos que intentan atemorizarnos y dañarnos a fin de que callemos".
Su padre finalmente fue sentenciado a cadena perpetua por secuestros, tormentos, violaciones, desapariciones, robos, hurtos, expropiaciones y asesinatos en la que se llamó la Megacausa San Juan I, II y III. Las condenas fueron por sesenta casos demostrados, aunque la lista podría triplicarse.