Guede un técnico que respira y un Arruabarrena en el ojo de la tormenta

En la clínica de las urgencias del fútbol argentino, Pablo Guede respira más que nunca y Rodolfo Arruabarrena entró en terapia intensiva, y el tiempo dirá si es el anuncio de un final previsto.

En un partido que para ellos valía más que una Copa, Guede se saco el respirador artificial y empezó a revivir. Y Arruabarrena entró 4 a 0 mediante en una situación delicada, la peor desde su llegada a Boca en agosto del 2014 tras la salida de Carlos Bianchi.

Dependerá de él si tiene las fuerzas suficientes para salir airoso y con vida de este momento o hace un mea culpa y da un paso al costado o se queda esperando la decisión de los dirigentes Más allá que los dos iniciaron sus proyectos en el 2016 con diferentes miradas a los dos los unía en este partido la presión de un fútbol que no admite respiro ni deja pausa.

El fútbol argentino doméstico, el de "que lo único que sirve es ganar siempre" los junto a ambos y esta final de la Supercopa Argentina que clasifica para jugar la Copa Sudamericana les puso un valor a sus destinos futbolísticos impensado hace un mes.

Rodolfo Arruabarrena, 40 años, viene de ganar dos títulos con Boca el torneo oficial Julio Humberto Grondona y la Copa Argentina. Sin embargo no todo lo que reluce es oro y los malos resultados de los partidos del verano le hizo correr el velo que los resultados tapaban.

Un solo triunfo ante Emelec por 3 a 0 y luego dos derrotas ante River por 1 a 0, con Racing 4 a 2, Estudiantes 2 a 0 y un pálido empate en cero ante Temperley por el torneo local, ningún gol a favor en cuatro partidos demasiado para estos tiempos que corren y llegaron las versiones de siempre: "que no tiene el respeto de los jugadores", "que perdió imagen ante el grupo". "Que los referentes le manejan las prácticas". Son las frases que se empezaron a escuchar en el mundo siempre tan difícil de Boca.

"Aunque Boca pierda esta noche Arruabarrena seguirá siendo el técnico" declaro hoy al mediodía el presidente Daniel Angelici. En los próximos días se vera si cumple su palabra o es esclavo de ellas.

Pablo Guede, 41 años, llegó de Palestino de Chile con el mérito de haber llevado a ese equipo a jugar la Copa Libertadores y con la única experiencia local en el ascenso de Chicago al Nacional B.

Vino con la esperanza de cambiar un estilo más especulador y más frío del "Patón" Edgardo Bauza, que lo llevo a ganar la única Copa Libertadores de la historia de San Lorenzo, por otro más audaz, más agresivo, pensando más en el arco adversario que en el propio.

A los malos resultados del verano: perdió 3 a 1 ante Huracán y 3 a 2 ante River e igualó 1 a 1 con Independiente y 2 a 2 contra Patronato por el torneo local se le agregó la salida de uno de los referentes, Juan Mercier, no tenido en cuenta por el entrenador.

"Nos hicieron 9 goles en cuatro partidos", "la defensa es un desastre", "Nos regalamos mucho, no es técnico de equipo grande". Eran los rumores de vestuario en el Bajo Flores, demasiado para un entrenador sin tanto recorrido ni historia importante en nuestro fútbol.

Cuando empezó el partido cada uno tomó una postura distinta hasta en la vestimenta: Pablo Guede con un jean y una remera con dos rayas negras horizontales del otro lado el "vasco" con traje negro.

El técnico de San Lorenzo siempre de cuclillas y muy concentrado, Arruabarrena parado en el límite de la línea de división permitida. Y el arranque del partido fue de estudio con San Lorenzo tratando de manejar más la pelota ante un Boca con uno solo que podía llevarla bien: Pablo Pérez.

Con Boca parado con línea de tres y Peruzzi y Silva de marcadores volantes y San Lorenzo con Mussi más metido entre los centrales y Ortigoza de pivot en la mitad de la cancha.

En un partido parejo a los 30 minutos Carlos Tévez tuvo la primera llegada y desvió el remate final. Guede se agarró la cabeza y Arruabarrena miró al cielo a ver si de arriba le devolvían al Tevez de antes.

Con esa jugada Boca tomó la iniciativa y Guede estaba a los gritos tratando de ordenar a Matías Caruzzo y el debutante Marcos Angeleri. En una Blanco lo deja solo a Cauteruccio y éste remata y tapa Orión.

Guede miró al piso buscando explicación. Arruabarrena prefirió caminar hacia su banco. Hasta que a los 44 Fernando Belluschi clavó tras pase de Cerutti un gol de otro partido ante un Orión que no pudo hacer nada.

Guede se paró por primera vez y levantó sus brazos, mientras que el Vasco, con cabeza agachada, empezaba a pensar en sus suerte. En el comienzo de la parte final, mientras en la 12 se escuchaba Boca, Boca, huevo, huevo, huevo, Arruabarrena hizo ingresar a Fernando Gago y Daniel Osvaldo por Pablo Perez y Gino Peruzzi.

Mientras Guede se levantaba y dejaba las cuclillas, su equipo también lo hacia y empezaba a imponer su juego ante un Boca que seguía con los cambios, esta vez Nicolás Lodeiro por Chávez, para que nada cambiara.

Luego Guede metió a Nico Blandi por Martín Cauteruccio, quizás por aquello de la ley del ex. Y Arruabarrena?. De brazos cruzados casi pegado a la línea de cal, por momentos resignado. Boca tuvo una en los pies de Meli pero salvó Torrico y Guede salió corriendo a donde trotaban los suplentes para agarrar de un brazo a Pablo Barrientos y hacerlo ingresar por Sebastián Blanco.

Romagnoli entra por Cerutti. Guede hace una de su antecesor Bauza, juega con un solo punta que es Blandi y Romagnoli de lanzador. Boca estaba pero no estaba y San Lorenzo en una contra lo liquidó con Barrientos.

Arruabarrena, más de brazos cruzados que nunca, miraba el piso a ver si encontraba su futuro.Y llegó el tercero de Barrientos, Guede volvió a ponerse en cuclillas y la hinchada de San Lorenzo cantó aquello de "Hijos nuestros..", en tanto los de Boca cantaban que seguían siendo "bosteros". Por último el cuarto, el de la ley del ex de Blandi, y el ole de los hinchas azulgranas. Con Guede en cuclillas y Arruabarrena, parado y en silencio, pensando en su destino.

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