La diplomacia a prueba: Cómo lograr un alto el fuego en Siria

Antes de viajar a Suiza para llevar adelante una nueva ronda diplomática por el conflicto en Siria, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, hizo un alto en  Kigali, una parada marcada de profundo simbolismo.       

En el Museo del Genocidio en Kigali, la capital de Ruanda, Kerry se inclinó ante las más de 800.000 personas exterminadas en este  pequeño estado de África Oriental. En 1994, y en poco menos de cien  días, la matanza estuvo dirigida mayoritariamente hacia los miembros  de la población tutsi. El ex presidente de Estados Unidos Bill  Clinton declaró años más tarde que lamentaba no haber hecho lo  suficiente para evitarlo.       

A 22 años de aquellos hechos, este sábado en Lausana altos funcionarios debatían sobre otro sangriento conflicto. En los últimos  cinco años, la guerra en Siria ya ha costado la vida de 400.000  personas. Entretanto, las imágenes de sufrimiento y muerte en Alepo  ya son tan intolerables como las del genocidio en Ruanda.       

Es por eso que, una vez más, Kerry, de 72 años, apeló a la  diplomacia en un contexto idílico que teniendo en cuenta las  atrocidades en Siria parecía una burla: El sol brillando sobre los  Alpes, el lago de Ginebra y las banderas que adornan la fachada del  magnífico Beau-Rivage Palace.       

En este hotel, que alguna vez albergó a Víctor Hugo, Charlie  Chaplin y Nelson Mandela, ya se había escrito anteriormente historia  política. En 2015 los salones fueron testigo del acuerdo sobre la  disputa por el programa nuclear iraní. También en este caso, Kerry y  su homólogo ruso, Sergei Lavrov, tuvieron un papel clave.       

Sin embargo, los dos ministros de Relaciones Exteriores no  lograron hasta ahora ningún avance real. Ni siquiera en la ronda  extendida en Lausana. Tras cinco horas, finalizaron las  conversaciones sin un acuerdo sobre un alto el fuego en Siria.       

A pesar de todo, se acordó que el "proceso político" para poner  fin a la guerra en Siria "debe comenzar cuanto antes", dijo Lavrov.  "Hubo algunas ideas que han sido discutidas y traídas a la mesa de  negociaciones por países que realmente tienen una influencia en la  situación", aseguró el ministro ruso. También Kerry se expresó de un  modo parecido.       

Está por verse si estas "nuevas ideas" pueden conducir a un nuevo  acercamiento entre la Casa Blanca y el Kremlin. Aún reina el  escepticismo, más aún teniendo en cuenta que en las últimas semanas  se han exacerbado las diferencias entre Estados Unidos y Rusia.       

El presidente ruso, Vladimir Putin, intensifica cada vez más el  apoyo militar a su aliado, el presidente sirio, Bashar al Assad.  Washington culpa abiertamente a los rusos de ser cómplices de los  crímenes de guerra que comete la Fuerza Aérea siria en la ciudad de  Alepo.       

Tanto Estados Unidos como Rusia se quieren llevar el mérito de  haber puesto en marcha las conversaciones en Lausana en formato  extendido con los países directamente involucrados en la región.       

Los diplomáticos evaluaron como una "buena señal" que esta vez  participaran también Turquía, Arabia Saudí y Qatar, tres países que  como Estados Unidos apoyan a los rebeldes. Además, acudió el ministro  iraní, Mohammed Yavad Zarif. Su país es el principal aliado del  régimen de Al Assad junto con Rusia.       

Kerry, por su parte, debió hacer frente a críticas  de haber llegado a Lausana con poco radio de acción y "pocos  músculos".       

Según informes del diario "The New York Times", en "conversaciones  privadas" el secretario de Estado se quejó de que sus esfuerzos para  encontrar una solución negociada para Siria "no estaban sustentados  por una amenaza creíble que obligue al Gobierno del presidente Bashar  al Assad a poner fin a sus ataques".       

El Gobierno del presidente estadounidense, Barack Obama, examina  regularmente opciones en la guerra de Siria, declararon diplomáticos  estadounidenses. Sin embargo, que Obama considere seriamente otra  intervención militar fue desechado en Lausana como poco probable.       

A pesar de sus múltiples manifestaciones a favor de una tregua,  Lavrov viajó a Suiza con la certeza de poder negociar desde una  posición de fuerza. Al parecer, expertos de inteligencia  estadounidenses ya lo habían advertido.       

Según "The New York Times", los especialistas habían presentado a  la Casa Blanca una evaluación en la que aseguraban que la intención  del Kremlin era ayudar a Al Assad durante los últimos meses de la  presidencia de Obama a la conquista completa de Alepo.       

De esta manera, ante futuras conversaciones sobre Siria, Putin se  presentaría aún con mayor fuerza frente al próximo presidente de  Estados Unidos.(dpa)

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