“Lo importante es compartir el poder que tiene el sonido”

Por Mariano Saulig
ENTREVISTA A LEO GENOVESE: PRESENTE ARTÍSTICO Y CONCEPTOS FILOSÓFICOS SUBYACENTES
En esta era de micro-públicos, hay quienes para los que Leo Genovese no necesita presentación, mientras que muchos otros tal vez escuchen su nombre por primera vez. Sin embargo, estamos a salvo de las descripciones particularizadas dado que para adentrarse en la música de Leo Genovese basta con buscar en YouTube. Quién procure electricidad, podrá encontrarla por ejemplo en la reciente performance de su trío en el festival alemán Jazzahead, quien guste de los carteles podrá encontrar al pianista argentino compartiendo escenario con nombres de la talla de Herbie Hancock o Wayne Shorter, y los que se animan a la experimentación podrán hallarlo en vuelos sonoros que procuran ir más allá de la música. En esta ocasión decidimos entrevistarlo con motivo de la publicación de “Chacarera y más” perteneciente al disco Argentinosaurus (2016). Esta pieza moviliza una suerte de <<otra globalización>>, una de carácter underground y multidireccional, no empujada por identidades o géneros, sino susurrada desde el infinito: a nivel sonoro vitaliza sensaciones que resuenan a folklore argentino habitando atmósferas de jazz, y a nivel lírico, pone versos escritos por el cordobés Ica Novo en la voz de Esperanza Spalding. En este sentido, aprovechamos también para indagar los conceptos filosóficos y musicales que subyacen a su experiencia y obra. Además de explicar su noción de oído absoluto como actitud de pura escucha y analizar la importancia de la trascendencia del <<yo>> en la música, Leo Genovese reflexiona sobre su experiencia en torno a la realización de los propios objetivos a partir de una fórmula que integra al querer y al hacer. En este línea, nos parece oportuno indicar que las miradas personales como las del pianista argentino pueden aportar al debate sobre la interioridad y la creación de la propia realidad, tópico cuya creciente importancia político-cultural se expresó con la carta que publicara la Asociación Física Argentina respecto de su crítica a la reunión de formadores docentes con el físico cuántico Amit Goswami. Quienes tienden a descalificar a este tipo enfoques ético-creativos como fantasías ideológicas al servicio de los intereses concentrados, podrán en este caso, contemplarlo en la humanidad de un artista que ante su público dice cosas como “esto pasa cuando tomás agua con glifosato durante 34 años y no te dás cuenta”.
Actualidad artística
-Sobre Argentinosaurus:
El disco salió el año pasado, en Diciembre, en un sello francés llamado Newvelle, que adoptó una nueva política de distribución y venta, o al menos, poco usada en los sellos de hoy en día. Funciona por subscripción, te inscribís y al año ya te mandan 6 vinilos. Solo imprimen vinilos. Mi disco fue el último de la tirada del año pasado. Es difícil o casi imposible conseguirlos en otro lado que no sea acá. Las veces que traté de enviar cosas a la Argentina nunca llegaron. Capaz que la gente de la aduana escucha mucho jazz. Pero bueno, si no llega por las buenas, llega por las malas. Y las malas también están bien, porque lo importante es que la música corra y que la gente la escuche, dar esa chance, compartir el poder que tiene el sonido. A veces también se complica porque lamentablemente está el dinero de por medio.
-El dinero y la burocracia.
Sí, exacto, pero todo bien, el año pasado hice ese disco para ellos y a su vez hice otro junto a Francisco Mela y Demian Cabaud que grabamos en vivo en Porto, Portugal, para un sello que se llama Portajazz. Con ese trío venimos trabajando hace ya 14 años y hemos ido a la Argentina hace un par de años. También grabé otro disco que fue completamente producción independiente con mi grupo de acá (Nueva York) que se llama Legal Aliens (https://www.youtube.com/watch?v=_6LjJvJ9q1E). Esos sí se consiguen, los llevo conmigo bajo el brazo y a quien lo requiera le paso links para que los descarguen gratis.
-Estás en un proyecto con Residente (René de calle 13). ¿Hiciste algo parecido a esto o es una experiencia novedosa?
Sí, casualmente estamos ensayando, hoy tenemos una especie de concierto del cuál seguramente salga algún video. Ahí estamos conectando. Para mí todo es una experiencia novedosa. El hecho de levantarme cada mañana y abrir los ojos y mirar al techo es una experiencia muy novedosa. Cada día está cargado de novedades, está minado de energías que vienen a abrazarte, logran que el primer segundo ni bien abrimos los ojos ya sea espectacular y nuevo. La novedad está siempre ahí, para todos nosotros, más allá de las noticias, más allá de lo que fuere. La estamos pasando muy bien, un grupo nuevo y diverso, con gente de muchos países, gente muy linda. Estoy muy contento y muy agradecido de ser parte de esta nueva familia que se catapulta desde la isla de Puerto Rico hacia todo el universo.
-Te pregunto por Argentinosaurus: en “Chacarera y más” resuenan ecos del cruce entre jazz y folklore que comenzó el Chango Farías Gómez. ¿Cómo lo ves vos? ¿La búsqueda está por ahí?
Yo no concibo mucho las diferencias de ningún tipo. Si ves el atril de mi piano, hay un papel de Skriabin, uno de Adolfo Ábalos, uno de Jelly Roll Morton, y uno de James P. Johnson. Ya no estoy en la onda de pensar las músicas diferentes porque para estudiar el swing por ejemplo agarro las danzas de Andrés Chazarreta. Hay elementos con los cuales nosotros hemos crecido y que son los mismos elementos que han florecido otras músicas en otros lados.
-¿Cómo es la historia detrás de la letra de “Chacarera y más”? Fue escrita por Ica Novo, un guitarrista de Deán Funes, Córdoba. ¿Es así?
La escribimos juntos. Yo tenía esa melodía desde hace rato. Tengo acá un montón más de melodías que asechan mi sueño. Escribí unas 200 zambas más o menos y tengo otros temas por ahí guardados que están esperando ser deletreados. Esperan al poeta, están en un estado de aletargo porque también mi tiempo se va consumiendo con otras cosas. No es que las dejo de lado, están ahí. Son melodías, ideas, semillas de posibles músicas futuras. Internet, que es un cuchillo de doble filo, facilita el envío de melodías a todas partes; por ejemplo, se mandaron a Marte en el Voyager. Con Ica también escribimos unos candombes junto al maestro Roberto Darvin, un ser luminoso del Uruguay, y también con Santiago Suarez, que es la voz desgarrada del quebracho santiagueño que resurge y toca a toda la generación joven de Las Salinas y pagos cercanos. Así también voy con mi amigo Nico Manzi de Rosario. Las melodías van buscando las palabras.
Conceptos existenciales y artísticos que subyacen a la música
-¿La música te llevó al interés por lo universal o sucedió al revés?
La puerta de entrada fue la música y su estudio. A través de ella puede conocer y acercarme a maestros y a ciertos conocimientos que me acompañan a donde voy. Es por la música también por la cual emprendo viajes y voy en búsqueda de algo más. Si bien la música no termina siendo la meta o la recompensa, sino más bien lo que la música carga. Va mucho más allá de la escucha y del sonido mismo. Tiene que ver con las emociones, tiene que ver con la experiencia de ser humano, de estar vivo en este tiempo y en este lugar.
-En una entrevista que te realizó TELAM contabas que para tocar música hay que despojarse de lo que somos y de lo que creemos ser. Si uno busca en YouTube te encuentra tocando con Herbie Hancock: ¿Para tocar con músicos de esa clase hay que olvidarse del propio <<yo>> y del <<yo>> de Herbie Hancock?
Claro. Ellos la tienen muy clara porque son budistas. Toda la gente de esa banda, Herbie Hancock, Wayne Shorter, Esperanza Spalding y Terri Lyne, practican budismo por lo que eso lo viven día a día, y lo tocan y lo escuchan de esa manera. Tampoco es por mencionar una religión o una práctica o una filosofía, creencia o lo que fuera, sino todas. Eso es cuando uno lo vive realmente desde dentro y está en permanente contacto con las fuerzas mayores, con una inteligencia divina y con lo que fuera y cómo lo quieras llamar. Al final es eso, es lo que es. Casi que no puedo definirlo. Estoy intentando encontrar el camino para poder articular este sentimiento y es tan grande que me parece que lo más fidedigno es el silencio y la invita a toda la gente que hasta el momento tal vez no tuvo alguna vivencia de ese estilo a que no dejen pasar su vida sin experimentar tal vez una de las cosas más sagradas de la existencia: el despertar.
¿Cómo o dónde se siente la diferencia entre la música despierta y la dormida?
Se siente en todo. Es como cuando en una sociedad hay una revolución, se siente en todos lados. A nivel celular todo toma otra velocidad. Los átomos de tu cuerpo estallan de una manera nuclear. Revoluciones internas que pueden venir de experiencias de satisfacción plena o de repulsión extrema, o de pensamientos como: “¡Uy! Este sonido, este instrumento me da incomodidad”. Así, cuando uno está cara a cara con ciertos sentimientos que son muy de uno y muy nuestros y muy de todo, es cuando tiene la chance de conocerse y preguntarse por qué ciertos sonidos y ciertas cosas le causan ciertas otras. A mí me gusta de vez en cuando agarrar alguna flautita medio loca de las que traigo de mis viajes y soplarlas en los conciertos solo para saludar a la gente de ese pago del cual he traído tal o cual instrumento. Muchas veces es medio irritante, medio doloroso para el oído, algo que en cierta manera suena mal. A mí me gusta que la música y las músicas puedan inspirar desde algo que perturbe. Está vinculado a la experiencia de tocar sin tocar, y de escuchar sin escuchar. Mi amigo de 80 años, Nat Mugavero, un baterista de la ciudad de Boston, muy underground, muy desconocido, profundo, muy lindo, amigo, buen paisano, me hizo dar los primeros pasos para alejarme de la música lo más posible dentro del abanico sonoro. Podemos con nuestro instrumento tocar algo que no suene música. Ese es el empujón filosófico que nos mantiene en estado de alerta y en contacto con un espíritu guerrero que va más allá de los sellos discográficos, de los endorsement, de los gigs o de los laburos y las tocadas, festivales. No tiene que ver absolutamente con nada de lo que conocemos, tiene que ver con una experiencia de otro tipo directamente. El compositor Charles Ives decía: “posiblemente nadie haya escuchado música todavía”. El vendía seguros por lo que estaba muy pegado y en contacto con el sistema de ventas y todo lo que lo rodea. Él decía que solo cuando el último hombre que tenga la intención de vender música se haya ido, quizás en ese momento tendremos la posibilidad de escuchar música por primera vez.
-Por lo que venís diciendo la magia de la música viene por el lado de la energía que trae el toque. ¿Cómo se interrelaciona eso con las estructuras musicales? Porque hay fórmulas comunes que funcionan en el sentido de que mueven los pies de las personas.
Claro. Es así y tiene que ser así. Cada cual está en un viaje distinto y en una búsqueda diferente. Cada cual también tiene que seguir sus propios reflejos y las frecuencias con las cuales vibra. Cada cual tiene un sueño y si uno labura suficientemente, de manera consciente y responsablemente, y si uno lo quiere realmente, eso llega. Depende de los sueños de cada uno, de las ideas y de lo que uno quiera lograr con esta herramienta. Es muy potente. A mí no me interesa opinar o juzgar, decir cosas como “este loco es muy famoso pero no me gusta lo que hace”. Está todo bien, yo trato de conectar con todo el mundo e intento aprender lo más posible. No cerrar puertas. Es desde donde se siente normal, natural y lindo para mí: ser parte de un todo, en el cual hay lugar para todos y en el cual la labor de todos es importante para el bien común. Esta misión no deja a nadie afuera.
-¿Cómo es esto de buscar conscientemente lo que uno busca? Mucha gente está buscando ese enfoque hoy en día aunque el proceso conlleva dificultades dado que choca con las líneas que han bajado consciente e inconscientemente las generaciones anteriores en torno a que la única manera de “salir adelante” es doblegarse a uno mismo. Vos lo lograste: ¿Cómo hiciste? ¿Cómo es en lo cotidiano?
No, yo no logre nada, estoy en la lucha diaria...
-Bueno, pero lograste estar en la lucha que querés estar.
Eso sí. De modo simplificado, intentando echar agua santa sobre el asunto, quizás pueda explicarse como proceso de tres pasos: lo primero es saber de alguna manera lo que uno quiere, es como tener un sueño por así decirlo; lo segundo es realmente querer eso que uno sueña, cuando digo realmente es que uno le pone tanta ficha y tanta energía y llama tanto a su mundo y a su camino a eso que tanto añora que acaba sucediendo. Ese querer enfocado es muy poderoso. Lo tercero es trabajar duro para lograrlo. Desde el amor, así directamente, desde algo lindo, desde un lugar sano. Si esas tres cosas están en sintonía lo más probable es que suceda. En definitiva creo que es eso, cuando uno llama con fuerza no hay manera en que eso no sea escuchado. Acá entran en juego las filosofías religiosas, sin carátulas y al desnudo, porque estos tres pasos son una manera de rezar. No quiero hacer mucho hincapié en eso porque no me quiero poner muy plomo pero yo lo viví de esa manera.
-¿Antes de tocar te preparás de alguna manera particular? ¿Cómo trabajás las emociones, la consciencia, etc.?
No hay ninguna preparación específica del tipo meditar, hacer cantos, correr o comer un asado. Si hay un asado siempre digo que sí. Antes o después. No tengo una rutina pre-encare, sí la tengo en el momento en el que me siento en el piano, cuando desconecto todos los cables. Sucede segundos antes de sentarme. No es algo que se logra, todo el mundo tiene esa capacidad en su interior, es cuestión de ponerla en práctica. Todo el mundo tiene la capacidad de tocar algo que no conoce, que no sabe cómo suena y que no interesa cómo suena porque lo importante es otra cosa, es lo que llega. Es lo que uno siente al encontrarse con algo que no reconoce. Se aplica para un montón de facetas de la vida misma, son esas situaciones en las que uno se encuentra con algo que tal vez no sabe manejar por lo que se pone en manos del mundo espiritual, del Dios que sea o de la falta del Dios que sea, o de la Naturaleza que sea, o de la nada misma, o de su propia vida, o lo que fuera. Es la actitud que en inglés se expresa con surrender, la traducción podría ser rendición pero no en un sentido de sacar la bandera blanca, sino en el de usar a favor el desconocimiento y la falta de comodidad. Desde la invocación todo parece tener sentido. Es cuestión de perder el miedo. Todo se trata de eso.
-Es interesante esto que recalcás de que estas cosas están abiertas a todo el mundo. Por ejemplo, un músico amigo dice que todos tenemos oído absoluto pero que lo hemos bloqueado.
Sí, pero el absolutismo del oído va mucho más allá del tono, va mucho más allá de la nota, mucho más allá de los colores, va mucho más allá de escuchar algo y decir esa moto es un Re bemol, o ese Do está desafinado. Lo absoluto es lo absoluto. El oído absoluto supone entendimiento, la habilidad de aceptar y adaptarse al todo, la capacidad de crecer desde la escucha. Ese es el oído al que yo trato de sacarle punta, más que al nombre de las notas o al color que uno pueda ver.
-A veces la consciencia cree que una nota está en un lugar pero la intuición la encuentra en uno en el que el <<yo>> no imaginaba que estaba.
Hay experiencias más allá de la imaginación. El decir “no imaginaba” es algo increíble, es una forma de descubrir. Hay gente que no imagina, que perdió la capacidad de imaginar, hay gente que también perdió la capacidad de darse cuenta cuando uno pasa esa frontera. Esta bueno reconocer hasta donde llega la imaginación, más allá hay otro infinito, hay otro mundo sin fin. La música no tiene reglas, uno inventa sus propias reglas y el límite está más allá del cielo. Tal vez esa sea la práctica. Lo decía Machado en una copla española: entre el vivir y el soñar, lo más importante es el despertar. La invitación está hecha, la semilla creo que fue plantada, es una invitación no solo para los músicos sino para todo el mundo, no interesa la vocación y la profesión, interesa la consciencia y el entendimiento de que todos somos uno.