Se cumplen 52 años del paso a la inmortalidad de Juan Domingo Perón

El 1° de julio de 1974, a las 13:15, fallecía en la residencia presidencial de Olivos el general Juan Domingo Perón, tres veces presidente de los argentinos y conductor del movimiento político más importante de la historia contemporánea del país.

Tenía 78 años y atravesaba un delicado cuadro de salud que se había agravado en los meses posteriores a su regreso definitivo a la Argentina. Su muerte conmovió al país y generó una de las despedidas populares más multitudinarias que recuerde la historia nacional. Durante días, miles de trabajadores, militantes y ciudadanos desfilaron frente a su féretro para rendir homenaje al hombre que había transformado para siempre la relación entre el Estado y el pueblo trabajador.

El regreso del líder

Después de 17 años de proscripción y exilio, Perón regresó definitivamente al país en 1973. El 23 de septiembre de ese año fue elegido presidente por tercera vez con más del 60 por ciento de los votos, en una de las victorias electorales más contundentes de la historia argentina.

Su regreso representó para millones de argentinos el fin de una larga etapa de persecución política y la recuperación de un proyecto nacional basado en las históricas banderas del peronismo: la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.

Sin embargo, el desgaste físico del líder era evidente.

Una salud cada vez más frágil

Aunque públicamente se intentaba transmitir tranquilidad, los informes médicos mostraban un cuadro complejo.

Su médico en España, Francisco Flores Tascón, había diagnosticado una severa enfermedad vascular, además de problemas coronarios, altos niveles de colesterol y triglicéridos, ácido úrico elevado y la enfermedad de Buerger.

Años después, el médico Daniel López Rosetti recordó una advertencia que Flores Tascón le habría hecho al propio Perón antes de regresar al país. "General, si usted vuelve a la Argentina probablemente le queden dos o tres años de vida. En España, diez o más."

El estrés y la enorme responsabilidad política que implicó conducir nuevamente el país fueron señalados por distintos profesionales como factores que agravaron su estado general.

Mientras tanto, desde el Gobierno, el entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega, minimizaba públicamente la situación y atribuía los rumores sobre la salud presidencial a simples especulaciones, asegurando que el General apenas atravesaba "un pequeño resfrío".

Los últimos días

Carlos Seara, uno de los médicos que integró el equipo que atendía a Perón en Buenos Aires, sostuvo años después que el Presidente permaneció lúcido hasta sus últimos días.

Según su testimonio, seguía atentamente la situación política del país y manifestaba preocupación por el rumbo que comenzaban a tomar algunos sectores del Gobierno.

Finalmente, el mediodía del 1° de julio de 1974, el corazón del General dejó de latir.

Su desaparición física dejó un vacío imposible de llenar para el movimiento nacional y popular y abrió una etapa de creciente inestabilidad política que culminaría, menos de dos años después, con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

Un legado que atraviesa generaciones

Más de medio siglo después de su fallecimiento, la figura de Juan Domingo Perón continúa ocupando un lugar central en la vida política argentina.

Las conquistas sociales impulsadas durante sus gobiernos, la ampliación de derechos laborales, el fortalecimiento del Estado como herramienta de desarrollo y la incorporación de millones de trabajadores a la vida política constituyen parte de un legado que sigue siendo motivo de estudio, debate y reivindicación.

Cada 1° de julio, el peronismo recuerda el paso a la inmortalidad de quien condujo uno de los movimientos políticos más trascendentes de América Latina.

Como suele repetirse en cada homenaje, Perón dejó una doctrina, una organización y una causa que, para millones de argentinos, continúa vigente.

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