28 de junio: Golpe de estado contra Arturo Illia

En las elecciones presidenciales de junio de 1963, el candidato de la Unión Cívica Radical del Pueblo, Arturo Illia, obtuvo la victoria en las urnas estando el Partido Peronista proscrito por los militares que derrocaron al presidente Juan Domingo Perón en 1955.

El 28 de junio de 1966, luego de tres años de gobierno de Arturo Illia un golpe de estado llevado a cabo por las Fuerzas Armadas, puso  el gobierno en manos del dictador Juan Onganía.

Gran parte de la población aprobó el fin de un gradual proceso de transición a la democracia y apoyó la llegada al poder del general Juan Carlos Onganía. La “mano dura”, que importantes sectores de la población siempre demandan.

 La prensa escrita en general contribuyó a generar un clima de opinión favorable a la ruptura institucional.
Comenzó así un gobierno que proyectaba instalarse por décadas en la suma del poder público. El nuevo dictador, inventada su personalidad por la prensa y apoyado por los testaferros de todo golpe de estado, inauguró su mandato arrasando con la universidad y provocando un éxodo cultural sin precedentes en la historia argentina. De esta manera los militares "devolvían" el favor a la intelectualidad que tanto los había apoyado en el golpe del 55.

Por su parte, la economía tomó un rumbo neoliberal; este gobierno tuvo a Krieguer Vassena como Ministro de Economía y Álvaro Alsogaray como asesor y embajador en los Estados Unidos. Todo esto culminó en el “Cordobazo” y otras manifestaciones populares y numerosos conflictos laborales. En el caso del Congreso de la Nación, ingresó como interventor el coronel Felipe Gerardo José Mazzini, quien entre otras disposiciones procedió a disolver -fue la única vez en la historia de un cuerpo que lleva más de cien años de existencia- los Cuerpos de Taquígrafos del Congreso.

 Antes de ser echado, el propio presidente Illia se encargó de señalar al jefe del regimiento de Granaderos, coronel Perlinger, que se iba a arrepentir de echarlo, cosa que efectivamente ocurrió diez años más tarde, cuando el citado militar envió una carta de arrepentimiento al presidente.

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