Julio César Falcioni, quien cuando muchos juzgaban pasado de moda y tiempo está abocado a formar un Banfield capaz de entreverarse con los mejores

Así como hay jugadores que se dan por acabados u otoñales también hay directores técnicos pasados a retiro de forma prematura, tal vez como Julio César Falcioni, quien cuando muchos juzgaban pasado de moda y tiempo está abocado a formar un Banfield capaz de entreverarse con los mejores.
Y algo de eso hay, según parece, habida cuenta de que los empeños de Falcioni se corresponden con un Banfield que hace varias fechas que no pierde, se quedó con el invicto de Estudiantes de La Plata, venció a Newell’s en Rosario y ya se instaló arriba, muy arriba.
Poco ganador, más bien empatador y perdedor estuvo Banfield en el primer tramo del campeonato, soso de confección, torpe de ejecución y blando por extensión.
Un equipo, aquel de las primeras fechas que entre otras cosas había perdido con Patronato y con Defensa y Justicia, había empatado con Atlético de Rafaela y había sido aplastado por River.
Daba toda la sensación de que los experimentados, más que experimentados estaban ajados sin vuelta atrás, que los juveniles sufrían más de la cuenta el salto a la Primera, que la regla de oro del orden suponía la ordenada paz del cementerio y que Banfield, el nuevo Banfield de Falcioni, sería a lo sumo un lánguido habitante de la mitad de la tabla.
De pronto, una leve mejoría se ligó a otra mejoría, de la módica acumulación se pasó a la indispensable inspiración, un gol trajo otro gol, una victoria trajo otra victoria, y otra, y otra, y ahí anda Banfield, a cuatro puntos de Boca y subido a la legítima pretensión de reverdecer los laureles de 2009.
Del 2009 que por vez primera vio a Banfield coronar con la aceitada máquina que salía de memoria: el “Laucha” Lucchetti, Julio Barraza, el “Gallego Méndez”, Víctor Lopez, Marcelo Bustamante, Marcelo Quinteros, Maxi Bustos o Roberto Battión, Walter Erviti, James Rodríguez y la dupla oriental de Santiago Silva y “Papelito” Fernández.
Y era Falcioni, en su segundo ciclo al mando del plantel del “Taladro”, el autor intelectual de un campeón de cresta de la ola fugaz pero de huellas indelebles que a la vez permitió que fuera contratado por Boca Juniors, ahí donde administró un equipo que ganó el torneo local con cifras de Guinnes virtuoso (amén del invicto, apenas 6 goles en contra en 19 partidos), y una Copa Argentina, pero sin embargo una derrota en la final de la Copa Libertadores, acaso su brumosa relación con Juan Román Riquelme y las pocas pulgas de los dirigentes y de una parte de la tribuna aceleraron su alejamiento.
Con poco lustre en All Boys, Universidad Católica de Chile y Quilmes, ahora resulta que cuando muchos se sentían tentados a extenderle el certificado de caducidad, la versión sesentona del “Emperador” persevera en refundar a un Banfield ganador y esperanzado en hacer historia.
Una férrea base de veteranos de varias guerras (Erviti, Silva, Hilario Navarro, Carlos Matheu y Nicolás Bertolo), más una sazonada mezcla de maduros y pibes que van llegando representan la arcilla con la que el hombre del rostro circunspecto ejerce el derecho de quedarse con la última palabra.(Télam)