La violencia se anticipó al clásico en la final de la Copa Libertadores

El micro que trasladaba al plantel de Boca hasta el barrio porteño de Núñez para el clásico por la final de la Copa Libertadores llegó con varios vidrios rotos al estadio Monumental como corolario de los piedrazos que le propinaron en el tramo final del trayecto numerosos hinchas de River.
La violencia de los barras fue sucedida por la represión de las fuerzas de seguridad. Los jugadores y cuerpo técnico de los “millonarios” terminaron afectados por los gases lacrimógenos que la Policía Federal lanzó –con puntería errática– sobre hinchas de River para dispersarlos. Fue necesaria la presencia de ambulancias para atender los ahogos y algunas heridas leves del chofer del micro boquense.
Los desbordes comenzaron alrededor de las 14.45, cuando hinchas de River desbordaron los molinetes de acceso a la platea Belgrano Baja del Monumental. La Policía intentó contenerlos con gas pimienta.
Algunos socios de River se quejaron de la organización en el ingreso. Denunciaron las demoras en el control del ticket para habilitar el pase como origen de la gran concentración en la puerta de acceso y los casi cantados disturbios que derivan en estas situaciones.
Efectivos de la seguridad privada del club detuvieron a algunos hinchas y, al margen del enojo general, esas acciones dispararon otro clásico futbolero: cánticos generalizados contra el presidente Mauricio Macri, fanático y ex titular de Boca. En este caso, el repudio estuvo centrado en lo deportivo.
Reventa, otro clásico
A las 15, el Monumental estaba ya ocupado en un 70 por ciento de su capacidad. La alta convocatoria del encuentro quedó explicitada en los cientos de hinchas que permanecen en los alrededores a la búsqueda de las entradas que se revenden.
River y Boca jugarán desde las 17 con arbitraje del uruguayo Andrés Cunha. Es la segunda y decisiva final de la Libertadores en Núñez, donde se espera una recaudación oficial superior a los 100 millones de pesos.