Paulo Dybala representó una de las mejores noticias que ofreció la Selección Nacional

Por curioso y contradictorio que parezca, el cordobés Paulo Dybala representó una de las mejores noticias que ofreció la Selección Nacional en su paso por Mendoza.
Recibió una tarjeta amarilla antojadiza, un exceso de rigor del árbitro, recibió una segunda amarilla inapelable, que redundó en la roja, dejó a su equipo diez contra once cuando faltaba un largo trecho para terminar un partido difícil, se fue de la cancha bañado en lágrimas y sin embargo es justo incluirlo en el casillero del haber.
¿Supone esto que tomemos a la ligera el hecho de que no haya contemplado que la primera amarilla lo había condicionado?
¿Aplaudiremos o relativizaremos que haya carecido de la lucidez indispensable para neutralizar la concreta posibilidad de ser expulsado?
No, de ninguna manera: he ahí un punto oscuro, una mancha, pongamos, en la foja del joven Dybala.
Pero en todo caso, lo dicho, una mancha, una mácula que ni por asomo debería ser el primer dato que registremos de un jugador que se desenvolvió con la serenidad de quien tiene medio centenar de partidos internacionales, que se mostró siempre, que pidió la pelota, que jugó, que intentó hacer jugar y que sin ser ninguna maravilla plantó una bandera que más nos valdría ponderar.
¿Cuál bandera?
Pues la bandera del mediocampista creativo, o del media punta, o del punta tirado atrás, o el nueve y medio, como se le prefiera llamar, capaz de insinuarse como un apto interlocutor de Messi.
Andrés Iniesta hay uno solo y juega en el Barcelona y en el Barcelona también juegan Neymar y Luis Suárez, eso es cosa juzgada, pero no tan juzgada, resuelta y rubricada está la selección del personal capacitado para proteger a Messi de una soledad suicida cuando la pelota ya ha pasado por Javier Mascherano, Lucas Biglia o Ever Banega.
A la Selección Nacional en general y a Messi en particular hace bastante que le faltan nombres en condiciones de sumar al entramado colectivo, sea para compartir pases y fases con la Pulga, sea para resolver por su cuenta con determinación y herramientras aplicadas en tiempo y forma.
Messi será muy amigo de Agüero, compartirán habitación en las concentraciones y se mandarán decenas de WhatsApp cada día, pero resulta que dentro de la cancha las estadísticas de sociedades fecundas son más bien bajas: al Kun le encanta jugar para Deportivo Kun.
Y algo parecido pasa con Angel Di María, un futbolista confuso que pretende ser socio del crack que es capaz de convertir en potable las aguas del Riachuelo.
Ni hablar de Carlos Tevez: la química entre Tevez y Messi es similar a la afinidad de La Quiaca y Ushuaia.
Tampoco se consolidó Javier Pastore, tampoco aprovechó sus oportunidades Erik Lamela, Angel Correa es todavía un buen proyecto y dentro de ese escenario, de tres cuartos de cancha calle arriba, Dybala asoma como una alternativa dúctil, en vías de crecimiento y expansión: dispone de habilidad, remate, chispa, atrevimiento, agudeza para descargar y combinar y, cabe subrayar la idea, tal parece hasta aquí que le sabe una pluma la camiseta albiceleste que a otros le pesa toneladas.
Su jefe de campaña ya está tentado a mandar a hacer los carteles: "Dybala 2018".